Desde que puso en libertad al asesino Bolinaga -que habrá pasado en su casa la Navidad y tomado todos los chiquitos que le haya apetecido-, el señor ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, no tiene credibilidad alguna. Sí, sí, cuando quiso disculparse y dijo que si no lo ponía en libertad prevaricaría, el señor ministro, se convirtió entonces, también, políticamente, en otra víctima del etarra; ante la sociedad, ante las víctimas de los etarras y los votantes del pepé, en un mal educado, por ser suave en la expresión. Quizá el señor ministro haya podido conciliar el sueño -mejor para él-, que no digo que no, después de ver salir de la cárcel a Santi Potros y a otros muchos más etarras, de lo que no nos quiere enterar. Pero lo sabemos.
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viernes, 2 de enero de 2015
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