Sólo nos hubiera faltado que el director de la Dirección General de Tráfico nos hubiera dicho que los datos de siniestralidad en las carreteras eran buenos; pero, no, nos ha dicho que no son buenos, aunque no ha dicho que sean malos, que habría estado más acertado. Es que con 1138 personas fallecidas durante 2016, siete más que en 2015, no está el asunto como para tirar cohetes. Son muchas vidas truncadas y cientos de familias destrozadas. No se puede decir que no son buenos datos, leche, que se trata de personas. Son realidades dramáticas.
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jueves, 5 de enero de 2017
domingo, 12 de julio de 2015
La “Calle 30”
Es la cantinela de todos los años, pero a medida que estos van pasando, la
cosa comienza a torcerse. En 2014 se produjeron un total de 1.688 fallecimientos
por accidentes de tráfico, superando en ocho esta cifra respecto al año 2013 -y
subiendo por primera vez el número de víctimas en once años-. Desde luego, si
no se buscan las causas, difícilmente se pueden poner remedios, en evitación de
que se produzcan estas escalofriantes cifras de muertos, que, a los que no le afectan,
son meros números, parte de una estadística, detrás de la cual existen
verdaderos dramas. Algo hay que hacer para evitarlo, o al menos reducirlos en
todo lo que sea posible.
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